• La
familia es el primer referente de cada persona. El núcleo
desde el cual se refuerza y se da confianza a cada uno de
sus miembros. Donde el niño, mediante sus juegos, se identifica
primero con él mismo, después con su familia y más tarde con
el mundo. La familia es uno de los pilares del desarrollo
de la personalidad del cada uno de nosotros.
• En las tres últimas décadas la familia ha sufrido profundos
cambios económicos, políticos y religiosos. Entre ellos, uno
de los más significativos ha sido la transformación dentro
de los papeles desempeñados por los padres, madres e incluso
abuelos.
• Ser padres implica tener unas grandes dosis de paciencia,
coherencia, comprensión, firmeza y, lo que es más importante
en estos días tan ajetreados: encontrar nuestro propio tiempo.
• Cada familia necesita descubrirse, disfrutarse y ello, requiere
tiempo. A su vez, cada miembro de la familia precisa de un
momento para si mismo,” para sus cosas” y también para ello
es necesario el tiempo. Encontrar un tiempo para cada cosa
y cada cosa a su tiempo, es uno de los grandes retos de los
padres de hoy en día.
• Jugar es una excelente posibilidad, una excelente “técnica”
al servicio de los padres para fomentar en los niños las actitudes
necesarias y para que administren su tiempo de ocio de un
modo positivo. Además de ser un juego en sí, jugar es una
perfecta acción familiar.
• La acción de jugar favorece y facilita la comunicación.
Mediante ella, transmitimos, exteriorizamos lo que somos,
lo que pensamos y en lo que creemos.
• El juego ayuda a fortalecer la complicidad entre los miembros
de la familia, abre vías de comunicación, permite exteriorizar
las expresiones de afecto, deja aflorar las emociones de una
forma natural y espontánea. Jugar en familia ayuda a construir
una relación familiar sólida y duradera.
•
Jugar es necesario a cualquier edad. Por eso, si desde que
son niños, padres e hijos jugamos juntos y a medida que crecen
no abandonamos él hábito de jugar, ellos lo seguirán viendo
como algo normal, cotidiano y natural. Verán el juego como
una actividad más dentro de sus vidas. Contemplarán el juego
como una actividad que les hace pasar un buen rato con sus
padres, que les hace reír, retarse, emocionarse, ponerse serios,
defender argumentos, divertirse…
• Hay sensaciones que la persona desea mantener. Pero a medida
que crece, cada vez son menos las oportunidades que tiene
de poder experimentarlas. Por otro lado, no debemos olvidar
que nuestra sociedad productiva no nos permite “andar jugando”.
• Jugar es para el hombre una buena manera de no olvidar su
identidad. Al volver a jugar, recuperamos funciones que la
seriedad y las responsabilidades de la edad nos han robado.
• El proceso del juego nos permite invertir tiempo junto a
nuestros hijos. Además de recuperar la energía, relajar las
tensiones, provocar la risa, desinhibirnos, favorece la aparición
de emociones que no nos permitimos exteriorizar en otros marcos
de nuestra vida. El acto de jugar es la mejor oportunidad
que tenemos para mostrarnos a los demás sin máscaras. El acto
de jugar es la mejor oportunidad que tenemos para ser nosotros
mismos.
• Al igual que invertimos tiempo jugando juntos cuando son
pequeños, es beneficioso para el establecimiento de una adecuada
relación familiar, mantener la acción de jugar a medida que
los hijos crecen. De esta forma, conseguiremos que la comunicación
se mantenga y la buena relación familiar se consolide.
• Jugar en familia es importante, tanto para el propio desarrollo
personal como para la comunicación y el enriquecimiento de
la vida familiar.
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