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El alma infantil es siempre la misma, espontánea, curiosa, imaginativa (...)
encariñándose apasionadamente con un juguete o desmontándolo para ver lo que hay en su interior, adornando con su nueva imaginación la fea y triste realidad..
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(George Sand, Historia de mi vida)


Juguetes que desarrollan la inteligencia,
la creatividad y la sensibilidad


El despertar de los sentidos

Cuando se elige el juguete adecuado en el momento idóneo, éste puede potenciar la inteligencia, la creatividad, la afectividad, la habilidad manual y otras muchas facetas de la personalidad del niño/a.

Por ello, es necesario que esta elección sea la adecuada desde el primer momento de la vida del pequeño.


Una de las principales premisas de la Organización Mundial de Educación Preescolar (OMEP), institución internacional dependiente de la UNESCO y que se encarga de la educación infantil, reza así: «la conducta del futuro ciudadano depende de la manera en que el niño realice sus primeras experiencias de vida en común».



Los primeros años de vida de un ser humano determinan de manera indeleble su futura personalidad, felicidad y categoría humana. Ciertamente, el juego y los juguetes adquieren, bajo este punto de vista, una importancia indudable. El niño/a aprenderá a través de ellos no sólo a divertirse y distraerse sino a adquirir, como propias, cualidades tan importantes como la disponibilidad, la accesibilidad, la entrega, la tolerancia, el diálogo, la solidaridad y la acogida.




Primer juguete:
su propio cuerpo



Si alguien nos pidiese que dijésemos en treinta segundos qué conceptos o imágenes asociamos a la figura del niño/a, lo más probable es que en el noventa y nueve por ciento de los casos contestásemos como una de las opciones las palabras «juego», «jugar» o «juguete». Porque el juego es innato en el niño, es intrínseco a su naturaleza. No en vano el primer juguete de un recién nacido es su propio cuerpo; de hecho no es consciente, en sus primeros meses de vida, que esa mano o ese piececito forman parte de él mismo y no de un objeto independiente de su diminuto ser.



Aprendiendo a imitar

Una vez que el niño/a ha abierto los ojos y comienza a enfocar correctamente los objetos que tiene alrededor, algo que sucede a partir de las seis semanas, se inicia una parte importante de la gran aventura que es la vida y, por ende, el juego. El bebé mirará y escuchará sorprendido el carrusel de colores que se encuentra encima de su cuna o el sonajero de plástico que ya es capaz de asir torpemente entre sus dedos.



Es ésta la fase de descubrimiento, una etapa en la que el niño/a intentará captar todo lo que le rodea para responder con sus propios gestos y expresiones. Se trata, en suma, de un juego imitativo que le hará sentirse integrado en el medio familiar en el que se encuentra.


Posteriormente, el juego se hace simbólico. El pequeño requiere, en este momento, los medios adecuados que le permitan asumir funciones y diferentes papeles sociales y que le conviertan en el protagonista de acontecimientos o sentimientos. Es entonces cuando el juego simbólico se combina con la fantasía, esa otra palabra inherente a la descripción del carácter de cualquier niño.
juegos juguetes educativos didacticos

 

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  Señorito «rompelotodo»

Tal y como señalábamos anteriormente, de la asimilación se pasa a las primeras experiencias simbólicas, hecho que tiene lugar entre los doce y los quince meses. El niño/a comienza a identificar formas familiares en los juguetes: ya sabe, por ejemplo, que su osito de peluche representa un animal llamado oso.


Poco a poco, el pequeño repite experiencias cercanas cada vez más complejas: cubos para vaciar y rellenar, bobinas para enrollar, peluches suaves para estrujar y apretar, móviles para la cuna... Su aprendizaje se basa, en esta etapa, en un sentido innato de destrucción y construcción de los objetos que le rodean. No se cansa de admirar acciones básicas que a los adultos nos pasan inadvertidas – «¿cómo es posible que todos estos cubos de colores formen, después de colocarlos debidamente unos dentro de otros, un único cubo más grande?» –. P


Alos veintiún meses, el niño/a adquiere plena consciencia de la función simbólica del juguete. En esta etapa, los elementos de arrastre tales como coches, carretillas, trenes o carritos de madera; los juegos de construcción sencillos o de piezas para encajar, o los moldes para manosear a su antojo la arena del parque infantil o de la playa, son los más adecuados para el correcto desarrollo integral del pequeño.


Pasados los dos años y medio de vida, el niño/a ya no sólo se contenta con el mero hecho de tener un juguete delante y poder tocarlo o chuparlo a su antojo, sino que necesita añadir su propio toque personal, es decir, su dosis de imaginación.


Es en este punto cuando empieza a realizar combinaciones de diferentes juguetes: animales que se columpian en pequeños balancines, pueblos a escala sencillos y con elementos separados, animales de madera o plástico o piezas de colores de materiales flexibles para crear figuras diversas. Ahora utiliza su imaginación no sólo como medio de identificación de objetos o animales, sino también para idear situaciones originales en las que los protagonistas son los juguetes, el amiguito o adulto con el que está compartiendo sus juegos y él mismo.

Un juguete para cada etapa

Todos estos pasos, tan importantes para el futuro adulto que es el bebé, tienen que estar acompañados en todo momento por los elementos adecuados. Entre estas necesidades se encuentra la elección del juguete mejor adaptado a sus necesidades.



Es fundamental ir cubriendo debidamente las distintas etapas de la formación infantil: primeramente, el pequeño ha de ir ganando en capacidad para dominar el espacio y los elementos que le rodean. Sólo así podrá hacer valer su fantasía y su imaginación, dos factores esenciales para acceder a la posterior etapa de razonamiento intelectual.


Entre los cero y los tres años, el niño/a pasa del simple sonajero que agita y chupa incansablemente a las primeras figuras para encajar poco complicadas. A estas edades es conveniente ofrecer al bebé elementos ya construidos para jugar con ellos: la inteligencia del niño/a avanza más con el ejercicio del objeto conocido, el que tiene entre sus manos, que procurando idearlo o imaginarlo.


En cualquier caso, es una conclusión lógica: la fase de creatividad del niño/a hará su aparición cuando éste cuente con elementos básicos como una mínima experiencia y conocimientos vitales. La vertiente creativa del individuo quedaría así aplazada para etapas posteriores de la formación.


Hasta los diez meses de edad, los juguetes sirven básicamente para una función mimética: animales de caucho que se pueden tirar fuera de la cuna o que se pueden utilizar para jugar a la desaparición y reaparición, pelotas de trapo, cubos de colores, etc., que son de utilidad para acercar al niño/a a las principales propiedades físicas (forma, color y sonido).
 

 

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